- OpenAI mantiene conversaciones preliminares para ofrecer al Gobierno de EE. UU. una participación del 5 %.
- La propuesta busca compartir con el público parte del valor económico generado por la IA, aunque las conversaciones están en fase inicial y podrían requerir aprobación del Congreso.
- El plan podría extenderse a otras grandes firmas estadounidenses de IA, pero no está claro que esas compañías estén dispuestas a aceptar una estructura similar.
Un 5 % para Washington
OpenAI ha discutido la posibilidad de conceder una participación del 5 % al Gobierno de EE. UU. como parte de un intento más amplio de mejorar su relación con la Administración Trump y repartir parte de los beneficios económicos de la IA, según informó el Financial Times el 2 de julio.
La información apunta a conversaciones preliminares entre Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y figuras clave de Washington, incluido el presidente Donald Trump, el secretario de Comercio Howard Lutnick y el secretario del Tesoro Scott Bessent. Altman también habría hablado recientemente con el senador Bernie Sanders.
El matiz es importante: no se trata de un acuerdo cerrado. El FT describe las conversaciones como conceptuales y en una fase temprana, y señala que cualquier estructura de este tipo podría requerir una ley del Congreso. OpenAI declinó hacer comentarios al diario y la Casa Blanca no respondió de inmediato.
Tomando como referencia la valoración de 852.000 millones de dólares citada por el FT, una participación del 5 % equivaldría a unos 42.600 millones de dólares en valor teórico. Esa cifra no implica una transferencia en efectivo, sino el valor estimado de una participación si se usara esa valoración como base.
La idea de un fondo público de IA
La propuesta encaja con una tesis que Altman ha defendido en los últimos meses: si la inteligencia artificial (IA) genera una parte creciente del valor económico, el público debería participar de algún modo en esas ganancias.
En abril, OpenAI planteó la creación de un fondo público de riqueza que diera a cada ciudadano una participación en el crecimiento económico ligado a la IA, incluso a quienes no invierten en mercados financieros. La idea recuerda a modelos como el Alaska Permanent Fund, que reparte parte de los ingresos vinculados al petróleo entre los residentes del estado.
Sanders ha defendido una vía más agresiva. Su propuesta de ‘American AI Sovereign Wealth Fund Act’ plantea un fondo soberano alimentado por grandes compañías de IA, con un tamaño potencial estimado en torno a 7 billones de dólares. La versión que OpenAI estaría explorando sería mucho más limitada: una participación del 5 %, no una cesión cercana a la mitad del capital.
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Washington aumenta la presión sobre la IA
El debate llega en un momento de mayor escrutinio político sobre los laboratorios de IA. En Washington crecen las preocupaciones por la construcción de centros de datos, el impacto sobre el empleo, los riesgos de ciberseguridad y el control de los modelos más avanzados.
La información también menciona que reguladores estadounidenses han retrasado lanzamientos de modelos avanzados de OpenAI y Anthropic en un contexto de mayor supervisión. Para las compañías, una participación pública podría funcionar como una vía para reducir resistencias políticas y ganar apoyo antes de futuras salidas a Bolsa.
Ese punto es clave para los inversores en mercados privados. OpenAI y otros laboratorios de IA necesitan grandes rondas de financiación para sostener el gasto en infraestructura, talento y capacidad de cómputo. Si Washington exige un papel más directo en el capital, las valoraciones, la gobernanza y las futuras OPV podrían verse afectadas.
El precedente de Intel y otros sectores estratégicos
La Administración Trump ya ha usado participaciones empresariales como herramienta de política industrial. En 2025, el Gobierno adquirió una participación del 9,9 % en Intel Corporation (NASDAQ:INTC), con 433,3 millones de acciones a 20,47 dólares cada una, mediante una inversión de 8.900 millones de dólares vinculada a la ley CHIPS y a financiación de Secure Enclave.
El Gobierno también ha tomado una participación del 15 % en MP Materials Corp. (NYSE:MP), un 10 % en Lithium Americas Corp. (NYSE:LAC), otro 10 % en Trilogy Metals Inc. (NYSE:TMQ) y una “acción de oro” en United States Steel Corp (NYSE:X), con derechos de veto sobre grandes decisiones corporativas, dentro de su adquisición por Nippon Steel.
La diferencia es que OpenAI no es una compañía industrial tradicional ni una empresa cotizada. Es una firma privada de IA con una estructura de capital compleja, grandes inversores estratégicos y una ruta hacia una posible OPV. Eso convierte cualquier participación pública en un asunto delicado para accionistas, empleados, socios comerciales y futuros inversores.
Qué implica para los mercados privados
Si la propuesta avanzara, el impacto no se limitaría a OpenAI. El FT apunta a que otras compañías estadounidenses de IA podrían verse presionadas para ofrecer una participación similar, aunque su disposición no está confirmada.
Para los inversores, el debate abre tres preguntas. La primera es si una participación pública reduciría el riesgo regulatorio o, por el contrario, introduciría más incertidumbre política. La segunda es cómo se valoraría esa participación: si mediante una emisión nueva, una cesión de acciones existentes o un vehículo público separado. La tercera es si una estructura así se convertiría en condición previa para futuras OPV de grandes firmas de IA.
El incentivo político es evidente: repartir parte del valor generado por la IA puede suavizar las críticas sobre desigualdad, empleo y concentración de riqueza. El coste financiero también lo es: cualquier participación pública puede modificar la distribución del capital y afectar a la rentabilidad esperada por los inversores privados.
La clave estará en si la propuesta pasa de conversación preliminar a diseño legal concreto. Hasta entonces, el mensaje para el mercado es claro: la IA ya no se valora solo por usuarios, modelos o ingresos potenciales, sino también por la relación que sus grandes compañías sean capaces de construir con Washington.
Imagen: Shutterstock
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